El agua es un elemento esencial para el organismo del ser humano. Nuestro cuerpo está preparado para soportar varios días sin comer, pero la hidratación es fundamental. Y todavía lo es más si vamos a realizar un esfuerzo físico que pueda llevar asociado una posible pérdida de agua y, como consecuencia, una carencia de la misma. Si esto sucediese, una actividad de ocio como puede ser cualquiera de las que realizamos al aire libre, puede acabar tornando en una situación crítica.

Y es que en la montaña el agua que podemos encontrar siempre tiene una procedencia dudosa, por lo que es totalmente necesario realizar alguna técnica de purificación si tenemos intención de consumirla. Encontrar agua potable en zonas montañosas es relativamente fácil, y aunque su apariencia puede ser buena, no tenemos la certeza de que no esté contaminada por la presencia de ganado en zonas superiores o de algún animal muerto. Así, en nuestras aventuras en la montaña, travesías o trekking de varios días, no debe faltar nunca una herramienta que nos permita potabilizar el agua y evitar situaciones peligrosas o sufrir algún problema de salud.

La técnica más simple para eliminar microorganismos es hirviendo el agua. Aunque este método no siempre es posible, dependerá en gran medida de la actividad que vayamos a realizar. No siempre podremos cargar en nuestra mochila outdoor con un hornillo de gas o una cacerola para realizar esta descontaminación. 

En la actualidad hay otros sistemas mucho más avanzados y discretos. Hablamos de filtros y membranas de 0,1 a 0,2 micrones de diámetro de poro que consiguen eliminar hasta un 99,9% de bacterias y parásitos. Se trata de bidones que en la boquilla incorporan este sistema de filtrado que elimina bacterias, parásitos y la mayoría de los virus. Estos son los más usados, no solo por su fiabilidad, sino porque proporcionan agua potable de manera instantánea y cómoda, sin ningún tipo de esfuerzo.

Otra alternativa muy eficaz para los amantes de la montaña son los potabilizadores ultravioleta de apenas 140 gramos, que con “disparos” elimina de forma no química hasta el 99,9% de bacterias. Aunque en este caso tenemos que tener en cuenta dos inconvenientes: el filtrado y que no permite desinfectar grandes cantidades de agua. Podemos beber agua, pero no eliminar los residuos que floten sobre ella y, según el modelo, podremos potabilizar entre 1 y 4 litros cada vez.

La última opción es la más clásica: pastillas potabilizadoras o gotas. Estas suelen ser combinaciones de cloro con iones de plata. Entre sus principales ventajas están su bajo precio, el poco espacio y peso que ocupan, y la eliminación de virus en zonas muy humanizadas en los que esto pueda resultar un problema. Mientras que entre sus inconvenientes está el sabor a cloro que queda en el agua, la precisión que requiere para no equivocarse en las cantidades, y la espera que exige de al menos 30 minutos para la eliminación de las bacterias y los microorganismos.